

La herencia de las mañas
A través de una observación minuciosa de los gestos cotidianos, este relato explora la naturaleza de la identidad y el duelo. Propone que la verdadera herencia no reside en la genética, sino en la repetición inconsciente de hábitos y ademanes de quienes ya no están. Un ensayo íntimo sobre cómo los ausentes permanecen habitando nuestro propio cuerpo, manifestándose en una risa, un suspiro o una mirada frente al espejo, transformando la pérdida en una continuidad doméstica.
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La promesa ajena
Mi hermano Jorgito, es de esos tipos que hacen promesas cuando no les queda otra. Pero esta vez se pasó de rosca: fue hasta el santuario del Gauchito Gil, se arrodilló con devoción de película mala, y prometió algo que yo tenía que cumplir. Sí, sí: yo. Ni siquiera fue en joda. No es que dijo "mi hermano seguro lo haría". No. Fue literal. Prometió que, si se le daba cierto deseo misterioso (que todavía no me cuenta, el muy turbio), yo le iba a construir al Gauchito una casita
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Dolo quiere jubilarse
Dolo ha decidido jubilarse, pero no de la vida, sino de la prisa. Aunque aún transita su carrera universitaria, aborda su presente con la parsimonia de quien teje o arma un rompecabezas: sin ansiedad por el resultado y valorando el acto de volver atrás si es necesario. El relato explora la resistencia al éxito medido en logros externos, proponiendo que la verdadera maestría no reside en el título académico, sino en la capacidad de habitar el tiempo con calma, silencio y pacie
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La pile y yo
La misión de limpiar la pileta se convierte en una épica batalla personal. Entre el deck que pesa "una tonelada de deudas", la fauna submarina inaudita y una bomba que es casi familiar, el optimismo bobo inicial se evapora. Una derrota táctica, a baldazos y con dolor de espalda, deja una lección: la pileta gana el día, pero la guerra por el verano recién empieza.
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El método infalible de Teresa
En cada destino al que nos llevaba la profesión de papá, mamá buscaba su ejército personal: una mujer que le diera una mano en la casa porque, pobre, sus huesos siempre la hacían renegar. Y cada una de esas mujeres —chicas jóvenes, señoras de carácter, veteranas sabias— venía con su propio manual de instrucciones sobre cómo se debía vivir. En Despeñaderos, Córdoba, se apareció Teresa, una cordobesa recia, de esas que no te sonríen mucho pero cuando lo hacen te arreglan el día
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Argentina en clave de tribuna
Olvidate de la eficiencia suiza; nosotros somos especialistas en acústica emocional. Convertimos un recital, la F1 o una partida de ajedrez en un Monumental. Un análisis vibrante sobre la genética argentina de la pasión, el ruido y la inquebrantable necesidad de armar una hinchada donde no la hay. Gritos, bombos y la nobleza de celebrar lo ajeno como propio. ¡Ah, y un recuerdo cariñoso a Francia!
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La plomeria y otros infiernos domésticos
La plomería es el infierno en la caja de herramientas. Un relato tragicómico sobre cómo un simple cuerito lleva al autor a una batalla épica contra un sifón corto. Entre posturas de origami humano y puteadas en lenguas antiguas, se demuestra que, si bien la carpintería ennoblece y la electricidad deslumbra, el agua siempre gana.
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A veces ladro
Una confesión sobre el inexplicable mal humor matutino. El narrador se levanta "cruzado" y advierte con gestos que no quiere ser molestado, pero cuando alguien ignora su "semáforo en rojo", reacciona con un "gruñido literario". No es maldad, es la necesidad de tiempo y café para conciliarse con el día. Asegura: aunque ladre, siempre se "abuena".
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El living del juicio final
A papá lo anunciaba el aire. Bastaba que entrara para que todos nos acomodáramos solos, como si la casa recordara el reglamento antes que nosotros. Nunca gritaba, no hacía falta. Te ordenaba con la mirada y con esos silencios que te dejaban más derechito que una revisación médica. Y así estaba la cosa cuando Laly decidió presentar a Fito. Ella empezó a salir con él —si, el mismo que hoy es su marido, el papá de sus hijos y el abuelo chocho de la nena. Pero en ese tiempo era a
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Las serenatas de Curuzú
Curuzú, años 80. La semana del estudiante se celebra con "serenatas" a profesores a cambio de alcohol y complicidad. El relato navega entre la alegría torpe de la borrachera adolescente, un encuentro incómodo en un velorio y una anécdota policial memorable, donde el encargado de hacer la lista para la comisaría, se olvida de anotarse a sí mismo. Una oda a las noches desprolijas, desafinadas y llenas de ternura pueblerina.
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