

Todavía enseñan
Este texto es un homenaje íntimo a la presencia silenciosa de quienes ya no están, pero nunca se van del todo.
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¡Yo soy policía!
En una noche cualquiera de 2010, en un supermercado chino de Bahía Blanca, un padre retirado del ejército decide que la veda alcohólica no es obstáculo para su copa de vino. Con un gesto firme y una frase inolvidable —"Yo soy policía"—, abre la puerta a una escena tan absurda como entrañable, que involucra a su hijo, un desconocido con short de River y la autoridad invisible que todavía lo acompaña. Un relato breve que mezcla humor, ternura y la magia de las anécdotas familia
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Balcarce Dakar: la flor y la hormiga
Un viaje de regreso se transforma en una carrera contra el tiempo cuando una flor, una hormiga y una alergia se cruzan en la ruta. Entre un Fiat Súper Europa, una enfermera rural y un paisano a caballo, el amor y el humor hacen que todo termine siendo una anécdota para contar… y para acelerar la próxima vez que se vean flores al costado del camino.
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Papi, no te escucho...
Una historia de amor contada en gestos y silencios. Un juego íntimo que sobrevivió al paso del tiempo, y que él siguió jugando incluso cuando ya no estaba ella para mirarlo.
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Mi viejo y su cuaderno Gloria
Fabián narra el legado de su padre, un hincha de River Plate tan emotivo que anotaba los goles en un "cuaderno Gloria". Tras la muerte de su padre, Fabián experimenta fenómenos paranormales durante los partidos épicos de River: un olor a vino, una palmada invisible y, en la final de Madrid 2018, un corte de luz donde escucha la voz de su padre confirmar la victoria antes de que el gol suceda. Un homenaje a la pasión que la muerte no puede extinguir.
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Antes de ser Amigacha era Lola...
Antes Lola, ahora Amigacha, esta perra de modales firmes y pasado callejero narra su vida: desde la niña que la amó hasta la traición de la mudanza, su vida con El Negro y su arte de robar bolsas (gestión de recursos). Una historia de lealtad perruna, dignidad innegociable y cómo se instaló en un hogar (y en una silla) para ser, por fin, una historia.
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Lo que no entra en el baúl, entra en el corazón.
A principios de los 80, unos tíos misioneros con cero logística llegan a Curuzú Cuatiá buscando la casa del narrador. Al preguntar a un vecino, el hermano Ortiz, este les grita: "¡Yo los conozco! ¡Síganme!" y sale corriendo a toda velocidad por el barrio. Los tíos lo siguen en auto, protagonizando una insólita persecución hasta la casa, de donde descargan una Pastalinda, tallarines cocidos y otras provisiones. Un tour guiado con sprint final.
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La vez que papá le gritó un gol al juez de paz
Con un dolor de muela, el narrador acompaña a su padre a un partido de fútbol barrial. Tras un golazo de su equipo (el primero en años), el padre corre a gritarlo, no a la cancha, sino a la cara del árbitro (el juez de paz), increpándolo por su parcialidad. El padre es expulsado, pero enseña al niño que hay que gritar la victoria a los ojos de quien no quiere que ganes.
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