

El azul de la memoria
Un Fiat 600 azul comprado recién casados termina siendo mucho más que un auto. Entre viajes lentos, veranos con el motor abierto, una perrita inquieta y la pequeña hermandad de los dueños de fititos en la ruta, ese auto se convierte en testigo de los primeros pasos de una vida juntos. Años después, cuando el auto ya no está, el recuerdo sigue arrancando solo.
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Cultivar amor
Un retrato íntimo sobre Gra y su "don" para las plantas, una herencia que transforma su hogar en una selva viva. Entre gajitos rescatados y un accidentado viaje desde Curuzú Cuatiá —donde ni una reacción alérgica grave detuvo su misión botánica—, el relato descubre que su obsesión no es solo estética, sino un lenguaje de cuidado. El autor comprende que amar es, precisamente, regar cada día y usar lo que haya a mano para que el otro, a pesar de los riesgos, logre prosperar.
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Y sabe mi nombre...
Aquella noche el calor no era solo calor. Era un peso. Algo espeso que se te apoyaba encima y no se movía. El aire en Curuzú, ese barrio militar donde las casas parecían vigilarse unas a otras como soldados de yeso, estaba cargado, pegajoso, a punto de romperse. Había algo enfermo en ese calor. El cielo parecía tener fiebre. Cuando esto sucedió, tenía trece años. Mi viejo estaba en maniobras con la unidad. Había dejado atrás sólo su silueta y el eco de sus pasos. Mis hermanos
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La promesa ajena
Mi hermano Jorgito, es de esos tipos que hacen promesas cuando no les queda otra. Pero esta vez se pasó de rosca: fue hasta el santuario del Gauchito Gil, se arrodilló con devoción de película mala, y prometió algo que yo tenía que cumplir. Sí, sí: yo. Ni siquiera fue en joda. No es que dijo "mi hermano seguro lo haría". No. Fue literal. Prometió que, si se le daba cierto deseo misterioso (que todavía no me cuenta, el muy turbio), yo le iba a construir al Gauchito una casita
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El método infalible de Teresa
En cada destino al que nos llevaba la profesión de papá, mamá buscaba su ejército personal: una mujer que le diera una mano en la casa porque, pobre, sus huesos siempre la hacían renegar. Y cada una de esas mujeres —chicas jóvenes, señoras de carácter, veteranas sabias— venía con su propio manual de instrucciones sobre cómo se debía vivir. En Despeñaderos, Córdoba, se apareció Teresa, una cordobesa recia, de esas que no te sonríen mucho pero cuando lo hacen te arreglan el día
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La plomeria y otros infiernos domésticos
La plomería es el infierno en la caja de herramientas. Un relato tragicómico sobre cómo un simple cuerito lleva al autor a una batalla épica contra un sifón corto. Entre posturas de origami humano y puteadas en lenguas antiguas, se demuestra que, si bien la carpintería ennoblece y la electricidad deslumbra, el agua siempre gana.
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La guerra del postre (y la villanía de Laly)
En casa éramos seis hermanos: cuatro varones y dos mujeres. Un ejército. Literalmente. Papá era militar, mamá ama de casa, y la mesa familiar era un campo de batalla disfrazado de sobremesa. La Coca-Cola era diplomacia internacional. El postre, oro puro. Si aparecía un flan, la ONU se quedaba corta. Gelatina, directamente era la Guerra Fría. Ahí arrancaban los movimientos estratégicos: cucharas en alto como bayonetas, codazos camuflados, miradas de reojo que eran misiles nucl
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Perito Moreno y el primer plano del abuelo espia
Un viaje familiar al glaciar Perito Moreno termina guardando un recuerdo inesperado: el abuelo, con su nuevo celular, intenta filmar turistas como un espía secreto, pero acaba registrando solo su propio rostro sorprendido. Esa confusión se transforma en el verdadero tesoro de la excursión: un retrato entrañable que, aunque se perdió en video, quedó grabado para siempre en la memoria de todos.
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El azar armó la primera jugada
Un Fiat 600 blanco sin asiento de acompañante, un walkman a pilas y un joven que aprendía a improvisar en la vida: así empieza este relato que cruza azar y destino. Entre mentiras piadosas, trabajos de ocasión y noches de baile, aparece Graciela, una rubia que cambió para siempre el rumbo de los días.
Esta es la historia de cómo un “sí” en la pista de un club universitario se transformó en más de tres décadas de amor, discusiones y complicidades. Una crónica íntima que demue
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El mesero, el silbido y el idioma de Curuzú
Verano del 2001. El país era un horno político, pero en Curuzú Cuatiá los chicos solo pensaban en dos cosas: vacaciones y carnaval. Mis...
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