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El síndrome del oso antes del mate

  • 5 jun
  • 2 min de lectura

En mi trabajo circula una teoría médica. No una teoría cualquiera. Una teoría seria, científica, con aval de Google, captura de pantalla y todo. Según mis compañeras, yo padezco una enfermedad misteriosa que hace que, entre las siete y las nueve de la mañana, me comunique exclusivamente mediante gruñidos, monosílabos y miradas de “dejame vivir cinco minutos más”.

 

La sospecha nació hace meses.

 

—Buen día, Raúl, ¿cómo dormiste?

 

—Mmm.

 

—¿Querés café?

 

—Ajá.

 

—¿Te parece si cambiamos el sistema de archivo, reorganizamos todo el sector y te cuento lo que soñé anoche?

 

—No.

 

Y claro, ellas, que tienen la energía de un noticiero matinal mezclado con una reunión familiar de Navidad, empezaron a preocuparse.

 

Porque mientras yo todavía estoy negociando con mi alma para aceptar que existe la mañana, ellas ya debatieron tres temas sociales, dos historias de pacientes, una receta de tarta y el divorcio de alguien que ni conozco.

 

Yo llego al trabajo todavía en modo reinicio de Windows 95.

 

Ellas ya están en modo festival de Viña del Mar.

 

Un día, aparentemente alarmadas por mi escasa capacidad lingüística antes de las ocho, hicieron lo que hace cualquier persona responsable del siglo XXI: me diagnosticaron por internet.

 

Y ahí apareció la frase:

 

“ENFERMEDAD DE CUANDO NO SE TE ALINEAN LOS PLANETAS A LA MAÑANA”.

 

Así. Con mayúsculas. Dramática. Parecía título de documental de Discovery.

 

La teoría médica incluía palabras complejas: ritmo circadiano, disania, inercia del sueño, vértigo, cansancio, no sé qué más. Yo escuchaba todo eso mientras intentaba recordar mi propio nombre.

 

—Raúl, parece que te cuesta activarte —me dijo una.

 

—Mmh.

 

—¿Ves? ¡Eso! ¡Eso hace!

 

—¿Qué?

 

—¡Contestás con sonidos!

 

No entendían algo fundamental: yo no estoy enojado. No estoy triste. No estoy enfermo.

 

Estoy despertando.

 

Que es distinto.

 

Hay personas que aman las mañanas. Gente inexplicable. Seres humanos capaces de silbar a las siete, decir “qué lindo día” y encima preguntar: “¿Dormiste bien?”.

 

Yo, a esa hora, soy apenas una versión beta de mí mismo. Un borrador. Un trámite administrativo con barba.

 

Necesito tiempo.

 

Mate.

 

Silencio.

 

Y, si se puede, que nadie me cuente el sueño rarísimo que tuvo con un actor turco hasta después de las nueve.

 

Porque no es falta de amor al prójimo. Es supervivencia.

 

Después del segundo mate yo ya converso. Hasta hago chistes. Opino. Me río. Parezco civilizado.

 

Pero temprano… temprano soy un oso al que alguien despertó dos meses antes de terminar la hibernación.

 

Así que ya les avisé:

 

No me estudien más en Google.

 

No estoy enfermo.

 

Estoy cargando.

 

Y hay sistemas operativos que tardan un poco más.

2 comentarios

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Invitado
hace 4 días
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Mmmmm, ahhhh, ajá, naaaaaaa. Lo bueno del síndrome es que no tiene mucho tratamiento solo hace falta cambiar el cargado, ya debe estar fallando!! Rauli aunque no nos escuches tan temprano te queremos igual! Todo síndrome es curable!!! A ponerle pila a la mañana que la vida es una sola 😜😜😜😜 Gracias x tomar todas mis pavadas con humor!!!y por el aguante infinito!!! 💖💖💖💖

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Raul
hace 4 días
Contestando a

Marina, según los últimos estudios realizados por ustedes mismas, mi caso ya fue declarado de interés científico internacional. El problema no soy yo, es que mi sistema operativo arranca con módem de los noventa y ustedes funcionan con fibra óptica desde las 6:45.

Lo del cargador puede ser. Voy a revisar si acepta mate como fuente oficial de energía.

Gracias por bancar mis gruñidos matinales, mis respuestas en formato "mmm" y mis períodos prolongados de actualización. Si después de tantos años todavía me quieren antes de las nueve de la mañana, eso sí merece una publicación científica.

Las quiero mucho, incluso antes del segundo mate. Aunque en ese horario todavía no pueda pronunciarlo. ❤️

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Quién Está Detrás del Blog

RAUL O. LOPEZ

Nací en San Isidro, Córdoba, pero hace años ando instalado en Bahía Blanca.
No me defino como escritor de manual: soy más bien un coleccionista de historias. Algunas me pasaron, otras me contaron y unas cuantas me las inventé para que la vida sea más entretenida.

 

Un día me crucé con la vida olvidada de un granadero de San Martín y terminé escribiendo una novela histórica:

 

Bogado: El Héroe que No Nombran.

 

Eso me enseñó que las mejores historias no siempre están en los libros, a veces están escondidas en un cajón o en la sobremesa de un domingo.

Este blog es mi patio.

Vas a encontrar relatos, recuerdos, ficciones y esas anécdotas que se cuentan bajito, como para que no se escapen.
Algunas te harán sonreir, otras quizás te dejen pensando.

Pasá, sentate y ponete cómodo, dale...

Y si algo de lo que leas te toca, aunque sea un poquito, contámelo.

Porque escribir es lindo, pero compartirlo es mucho mejor.

Si te gustó, ya sabés que hacer...

Acá termina. Y no, no hay escena postcréditos como en Marvel.👋

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