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El fantasma del suero

  • 17 mar
  • 2 Min. de lectura

Trabajé bastante tiempo en la guardia de emergencia de un hospital.

Turno noche.

En administración, que es estar en el corazón del asunto… pero sin guantes.

Y las noches en un hospital tienen un silencio raro. No es silencio de campo ni de siesta.

Es otra cosa.

Es un murmullo que no se escucha, pero se te mete en el cuerpo.

El edificio respira bajito.

Algo queda flotando.

Por eso, entre compañeros, cada tanto aparecen los fantasmas.

No porque creamos demasiado.

Sino porque a esa hora… mejor reírse antes que pensar.

Esa noche estaba en el patio de atrás con una enfermera.

De esas que ya vieron todo y, sin embargo, siguen fumando.

Madrugada fea.

Frío húmedo.

De esos que no te matan, pero te hacen dudar de tus decisiones.

Estábamos ahí, estirando el descanso todo lo posible.

Volver adentro era volver al ruido, a la urgencia, a las caras largas.

Ella me contaba que una vez, en un quirófano cerrado, vio una sombra. Que la luz titiló sola. Que sintió que había alguien.

Yo le respondía con chistes malos.

No por valiente. Por necesidad.

Y en una de esas, mientras hablaba, la veo cambiar la cara.

Pero cambiar en serio.

Se queda dura.

Callada.

Mirando por detrás mío.

Y pega un grito.

Un grito de esos que no se ensayan.

De los que te acomodan la presión de golpe.

Me doy vuelta.

Y ahí estaba.

Una figura.

Humana.

Bata blanca. O lo que quedaba de la bata. Medio abierta, en conflicto con la dignidad.

En la penumbra.

Avanzando despacio.

Y en la mano… algo largo.

En ese segundo pensé de todo.

Que era un paciente muerto que no se había enterado.

Que venía a reclamar algo.

Que esa charla nos había salido cara.

Hasta que la figura se acerca lo suficiente… y habla.

—Perdón… ¿el baño?

Era un paciente.

Con el portasuero en una mano, lo venía arrastrando.

Y con la otra tratando de que la bata no lo delate del todo.

Se había levantado solo.

Evaluó la situación y decidió que pedir ayuda era opcional.

Salió a recorrer la guardia con un trámite pendiente.

Le indicamos el baño con total seriedad.

Y cuando desapareció por el pasillo… nos miramos.

No nos reímos enseguida.

Primero hubo que esperar que el corazón vuelva a su lugar.

Después sí.

Risa larga. De esas que aflojan todo.

Desde ese día, cada vez que alguien saca el tema de los fantasmas, nosotros agregamos uno más a la lista.

El del suero.

El único que no venía a asustar a nadie.

El más humano de todos que solo estaba buscando el baño.

1 comentario

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Leo
20 mar

Me encantó, estuve enganchado pensando en que me iba a dar escalofríos, pero me sorprendió, buenísimo!

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Quién Está Detrás del Blog

RAUL O. LOPEZ

Nací en San Isidro, Córdoba, pero hace años ando instalado en Bahía Blanca.
No me defino como escritor de manual: soy más bien un coleccionista de historias. Algunas me pasaron, otras me contaron y unas cuantas me las inventé para que la vida sea más entretenida.

 

Un día me crucé con la vida olvidada de un granadero de San Martín y terminé escribiendo una novela histórica:

 

Bogado: El Héroe que No Nombran.

 

Eso me enseñó que las mejores historias no siempre están en los libros, a veces están escondidas en un cajón o en la sobremesa de un domingo.

Este blog es mi patio.

Vas a encontrar relatos, recuerdos, ficciones y esas anécdotas que se cuentan bajito, como para que no se escapen.
Algunas te harán sonreir, otras quizás te dejen pensando.

Pasá, sentate y ponete cómodo, dale...

Y si algo de lo que leas te toca, aunque sea un poquito, contámelo.

Porque escribir es lindo, pero compartirlo es mucho mejor.

Si te gustó, ya sabés que hacer...

Acá termina. Y no, no hay escena postcréditos como en Marvel.👋

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