Dolo quiere jubilarse
- 29 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Dolo dice que se quiere jubilar.
Lo dice sin dramatismo, como quien comenta que está fresco o que el mate salió lavado.
Lo dice mientras teje, cuenta puntos en voz baja y desarma un nudo que no era tal.
Todavía no terminó la carrera de la uni, pero eso no le quita seriedad a la decisión.
Al contrario: parece pensada con calma, como todo lo que hace.
La carrera sigue ahí, esperando.
Dolo también.
No es una guerra, es una convivencia.
Hay materias, hay plazos, hay fechas subrayadas.
Y después están los otros tiempos: los que no figuran en ningún programa.
A Dolo le gusta leer. Leer de verdad. No para marcar frases ni para sacar conclusiones brillantes, sino para quedarse un rato en otro lado. Se acomoda, abre el libro y el mundo baja la voz. Eso, para ella, ya es una forma de jubilación.
Teje como quien conversa consigo misma.
No corre.
Si se equivoca, desarma y vuelve a empezar.
Nadie la apura.
El tejido le enseñó algo importante: que avanzar no siempre es ir hacia adelante sin parar, sino saber cuándo volver un poco atrás.
Los rompecabezas son otra historia. Los arma sin ansiedad. Primero los bordes, después el cielo, después lo que aparezca. Puede pasar horas buscando una pieza que sabe que existe, aunque no la vea. No se enoja. Confía. En algún momento, encaja.
Cuando habla de jubilarse, no habla de dejar.
Habla de quedarse.
De quedarse en las cosas que la hacen bien.
De vivir a un ritmo donde el día no empiece con culpa ni termine con cansancio acumulado.
La universidad la espera, sí.
Y Dolo va a llegar.
Pero mientras tanto aprende otras cosas que no toman asistencia: a tener paciencia, a escuchar el silencio, a no desesperarse cuando algo no encaja a la primera.
Tal vez por eso quiere jubilarse ahora.
No para irse de la vida, sino para entrar mejor.
Para no olvidar que hay tiempo que no se mide en logros, sino en calma.
Y en ese arte —el de vivir sin apuro cuando todo empuja— Dolo, aunque no tenga título todavía, ya es bastante experta.


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