Los que no aflojan
- 8 nov 2025
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Hay gente que no se rinde, aunque el cuerpo diga basta.
Gente que se levanta cada mañana con la misma tozudez de siempre, aunque el espejo le devuelva una cara cansada y el calendario marque otra fecha en rojo.
Juan, por ejemplo.
Sesenta recién cumplidos y todavía con esa sonrisa que parece hecha a prueba de tormentas.
Hace rato que pelea una batalla larga, de esas que no se eligen, pero que se enfrentan igual.
Y no afloja.
Ni un poco.
No anda declamando heroísmos ni pidiendo medallas. No sube frases motivacionales ni anda diciendo que “todo pasa”.
Hay distintas formas de resistir. Ni mejor ni peor. Distintas.
Algunos gritan, otros se esconden.
Juan sigue.
Con paso corto, con sueño liviano, con esa mirada que todavía encuentra motivos para el brindis.
De pie, sin dramatismos, con una calma que descoloca.
A veces tira un chiste, de esos que desarman cualquier silencio incómodo. O pregunta por los demás, cuando todos sabemos que el que merece la pregunta es él.
Uno ve a tipos así y se aviva de que la vida no se mide en años, sino en la forma en que se los pelea.
Porque hay cumpleaños que no son números: son trincheras ganadas.
Y hay gente que no necesita ganar para enseñarte a pelear.
Gente que convierte cada día en una especie de milagro sencillo.
Juan pertenece a esa tribu, la “de los que no aflojan”.
Ellos no hacen ruido, pero sostienen el mundo.
Esos tipos fueron creados para recordarnos qué la vida no se gana ni se pierde: se vive con esperanza y la frente alta, creyendo que lo que viene todavía puede ser mejor.
Juan lo entendió hace rato.
Así que, cuando lo escucho reir, siento que el mundo —a pesar de todo— todavía tiene arreglo.


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