Jugar solo
- 11 nov 2025
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Hay momentos en que uno se da cuenta de que está corriendo solo.
Que llama, que escribe, que manda un mensaje largo tratando de ponerle onda, y lo que recibe del otro lado es una palabra seca, un “ok” desganado… o ni eso.
Y en ese instante se te enciende algo adentro, esa mezcla de tristeza y bronca que te dice: “¿Y yo para qué sigo insistiendo, si parece que le estoy molestando?”
Porque la verdad es que las relaciones —amigos, familia, pareja, lo que sea— no se sostienen con un héroe solitario.
No es un partido que puedas ganar con un golazo de mitad de cancha.
Si el otro no aparece, si no devuelve la pared, vos podés dejarte el alma, pero al final lo único que conseguís es sentirte un pelotudo corriendo detrás de la pelota que nunca vuelve.
La vida se te pasa mientras guardás palabras que hubieran aliviado el alma.
Que el afecto se nota en los gestos chiquitos, y que cuando no aparece, lo mejor que podés hacer es guardar la camiseta, sentarte en el banco y esperar a que llegue alguien que sí quiera jugar con vos.


Viene de bajón el relato. Igualmente bello. Así es la vida. A veces se juega solo, otros acompañado .... Lo importante que se juega y cada uno juega a lo que más le gusta.