

Éramos cuatro y ya la habíamos cagado
Adán nunca escribió sus memorias. Nadie se las pidió. Pero si lo hubiera hecho, sonarían más o menos así: un tipo cansado, una mujer con ojitos de delivery, dos hijos que no se soportan y un jardín perfecto que duró lo que duró. El Génesis contado por alguien que estuvo ahí y todavía no terminó de entender qué salió mal.
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