top of page

La pile y yo

  • 10 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Hoy me levanté con ese optimismo bobo que te agarra cuando creés que vas a hacer “una pavada”.

—Limpio la pileta y listo —dije.

Mentira. A la media hora ya estaba pensando seriamente en llamar a Prefectura para que viniera a rescatarme, o al menos para que certifique que ese ecosistema que tengo adentro no figura todavía en el Conicet.

La culpa es mía, obviamente.

A quién se le ocurre poner una pileta debajo de unos pinos.

Es estacionar un auto abajo de una bandada de gaviotas: sabés perfectamente cómo va a terminar.

Pero claro, en su momento sonaba poético: sombra, frescor, el veranito amable…

Viste cómo soy.

El deck desarmable, otra genialidad de mi autoría, decidió vengarse hoy.

Cada tabla pesaba una tonelada de deudas.

Para sacarlas me costó un Perú entero.

Y eso que yo no viajo, pero la metáfora sirve: terminé transpirando al nivel de un cruce cordillerano a pata.

Cuando por fin tuve la pileta desnuda, la miré con ese cariño resignado que uno le tiene a las cosas que cuestan pero son de uno.

Había verdín en los bordes, de ese que no se va ni con amenazas.

La hidrolavadora fue mi única aliada.

Le di con todo, descargando frustraciones viejas.

Y funcionó, eh.

El borde quedó limpito.

Pero adentro… adentro hay vida.

Fauna, flora y posiblemente alguna estructura social compleja.

Compré un ionizador nuevo, que promete milagros.

Yo ya estoy grande para creer en milagros, pero igual lo compré.

Algo así como votar con ilusión pero mirando de reojo.

El agua está clara, eso sí, porque estuve mes y medio tirándole pastillas de cloro a lo loco, regalándolas como caramelos en un corso.

Pero hay algo más abajo, algo que no termino de descifrar.

Espero no tener que vaciarla.

No quiero tener que admitir derrota ante esta pileta de plástico y fe.

Me duele la espalda.

La noto rígida, como un corsé de yeso puesto mientras dormía.

Así y todo, me siento ahí en el pasto, con el mate en la mano, mirando mi obra a medio hacer, y pienso:

—Bueno, Raúl… de tripa corazón. Se vienen las altas temperaturas. Esto hay que ganarlo como se ganan los buenos partidos: con sudor, tereré al final y un poco de puteo interno.

Encima la bomba andaba y no andaba.

Hoy se levantó sensible, la pobre: funciona, se traba, respira hondo y sigue.

Ya es casi de la familia.

La pileta me mira en silencio.

Yo le devuelvo la mirada.

Los dos sabemos que esta historia no terminó hoy.

------

Al final, la vacié a baldazos, con Leo.

Me ganaste, pileta.

Pero quedaste limpita.

Mañana te descoso.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Quién Está Detrás del Blog

RAUL O. LOPEZ

Nací en San Isidro, Córdoba, pero hace años ando instalado en Bahía Blanca.
No me defino como escritor de manual: soy más bien un coleccionista de historias. Algunas me pasaron, otras me contaron y unas cuantas me las inventé para que la vida sea más entretenida.

 

Un día me crucé con la vida olvidada de un granadero de San Martín y terminé escribiendo una novela histórica:

 

Bogado: El Héroe que No Nombran.

 

Eso me enseñó que las mejores historias no siempre están en los libros, a veces están escondidas en un cajón o en la sobremesa de un domingo.

Este blog es mi patio.

Vas a encontrar relatos, recuerdos, ficciones y esas anécdotas que se cuentan bajito, como para que no se escapen.
Algunas te harán sonreir, otras quizás te dejen pensando.

Pasá, sentate y ponete cómodo, dale...

Y si algo de lo que leas te toca, aunque sea un poquito, contámelo.

Porque escribir es lindo, pero compartirlo es mucho mejor.

Si te gustó, ya sabés que hacer...

Acá termina. Y no, no hay escena postcréditos como en Marvel.👋

2026 Raúl Oscar López - Todos los derechos reservados.

bottom of page